¡Amárralo bien!

 

Iba caminando paseando al chihuahua de mi familia cuando hubo que cruzar el bulevar. Mientras caminamos por las banquetas el perrito, de nombre Tiburcio, va relativamente tranquilo, pero cruzar calles muy transitadas lo pone altamente nervioso.

Iniciamos la marcha cuando a la mitad de la calle, por lo denso y ruidoso del tráfico, el Tiburcio comenzó a jalonearse como caballito encabritado mientras que yo lo sujetaba como domador, tratando de evitar que su collar se saliera de su cuello.

De repente ocurrió lo que temía, el perrito salió disparado mientras que yo me quedaba con la correa y el collar en la mano.

Una camioneta Chevrolet Blazer que venía rápido tuvo que frenar abruptamente para no atropellar al perro loco que iba corriendo frente a ella.

Por el frenón que dio la camioneta, una hoja grande de madera que traía sobre el techo salió volando por encima del Tiburcio y cayendo sobre el pavimento hizo un estruendoso ruido que paralizó del susto al perro, lo cual aproveché para sujetarlo rápidamente.

Entonces se bajó de la camioneta su conductor, un hombre panzón, vestido de pantalón de mezclilla, zapatos tenis, gorra beisbolera y camiseta blanca rotulada con un diseño de algún “racing team” y molesto me gritó: ¡Amárralo bien!

¿Amárralo bien? ¡¿Amárralo Bien?! ¿Y qué de su tablota? –Pensé, pero no le dije nada porque estaba ocupado agarrando al Tiburcio y moviéndonos a la seguridad de la banqueta.

Vociferando aún el fulano tomó su tabla, la regresó al techo de la camioneta y arrancó seguido de una fila de carros que se habían detenido por el inesperado obstáculo.

Al seguir mi paseo con mi ya calmado compañero canino, iba pensando. ¿Cómo se le ocurre al fulano reprocharme que no haya sujetado bien a mi perro? ¿Qué de su tabla? Esa cuando se soltó pudo lastimar a alguien.

A esa actitud le llamo miopía interna. Otros le llaman inconsciencia. No se qué la produce pero se me ocurren algunas ideas; tal vez sea arrogancia, egoísmo o altivez.

Jesucristo nos advirtió de esa inconsciencia diciendo: “no veas la paja del ojo ajeno, quita primero el barrote de tu ojo y entonces podrás ver el defecto de tu prójimo”.

¿Por qué entonces nos es tan fácil juzgar y descalificar a los demás por sus errores? Aun cuando tengamos razón, sería mejor callarnos y pensar si lo que estamos criticando no es un error que nosotros también comentemos, pues como dijo Jesucristo: “No juzgues para que no seas juzgado pues con la vara que mides, serás medido”.

Es lógico.

Hasta la próxima.

 



ETIQUETAS: