Las mujeres que son mandonas y difíciles, heredaron una carga, una actitud incorrecta de sus padres, o de su mamá casi siempre.
Cuando a una niña, la sometes a cargas y responsabilidades exageradas que tenga que cumplir, por un lado la estás enseñando a ser útil cuando sea grande, pero corres el riesgo de que en la edad adulta, se vuelva perfeccionista y mandona.
Lo único que cuenta para determinar si este perfeccionismo que constantemente cultivamos las mujeres es sano y adecuado, es preguntarle al esposo y a los hijos: "¿Cómo les va con su mamá?.
Quiero que te fijes, la palabra que usé y como la usé, pregúntale al esposo cómo le va con su mamá.
Que tragedia para los hombres, cuando la mujer se convierte en mamá del esposo. Asi mismo cuando el hombre es débil de carácter, seguramente es el resultado de una mamá dominante, y solamente le pasó la estafeta de mamá, a otra mamá (esposa).
A los ojos de Dios, nosotras al actuar así, estamos deshonrando el Matrimonio. Hebreos 13-4, dice así: "Honroso sea en todo el matrimonio, y el lecho sin mancilla".
Por lo tanto, nuestra habilidad de prosperar y ser bendecidos, depende de cómo percibimos lo que Dios nos habla y ordena en su Palabra, para obedecerla.
Las mujeres impartimos sobre los hijos definitivamente una identidad, y de alguna forma también definimos sus acciones. Lo malo de esto, y que yo quiero recalcar es que imitamos aquello que mas odié y critiqué de mi madre.
Es por ello, que Dios ha definido quién es el hombre, quién es la mujer, y ha diseñado amorosamente la vida para que como familia, la disfrutemos y EN CRISTO, la comiences a vivir.
Hasta la próxima.
Lourdes Elizalde de Trejo.