En mi juventud una de mis aficiones fue el correr, inicie en carreras de 400mt, después 800, 1500, 5000 y por ultimo entre a la maratón…42km. Recuerdo que todos los días incluso sábados y domingos entrenaba cuando menos 2hr diarias, lloviera o no, y semanas antes de alguna competencia recorríamos distancias de hasta 4hr casi continuas, un entrenamiento de resistencia. Recuerdo que nos entrenaban para que mentalmente mantuviéramos un ritmo constante de velocidad durante el recorrido.
La vida cristiana tiene muchas similitudes con esta carreta, igual que el corredor de maratón, estamos en un recorrido largo y difícil, y este recorrido dura mientras Dios nos de vida, a diferencia del corredor, no sabemos por anticipado el curso exacto que podrá tomar el recorrido aunque no tenemos duda acera de la meta final, tampoco se supone se supone que nos desplomemos por el cansancio en medio de la carrera, sin fuerzas y con nuestras reservas agotadas. Esto ocurriría si corriéramos imprudentemente, o si dependemos solo de nuestros recursos. Podríamos hacerlo así por un tiempo, pero finalmente renunciaríamos, ya que en nuestras fuerzas somos demasiado débiles y nuestros recursos espirituales son escasos.
Dios no pretende que recorramos esta carrera en nuestras fuerzas y esto es lo que manifiesta el apóstol Pablo cuando declara “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” Fil 4.13, Jesús recorrió fielmente la carrera que Dios le había preparado, aun a costo de su propia sangre.
La razón principal de que muchos cristianos se desaniman y se frustran espiritualmente es que nunca han descubierto esta verdad, suponen que sus vidas cristianas dependen de ellos, y no usan los abundantes recursos que el Señor ya nos ha dado para fortalecernos en esta carrera, es más, el está mucho más preocupado por nuestro bienestar espiritual en este recorrido que lo que nosotros alguna vez imaginamos, sin embargo también debemos de prepararnos para tener un buen recorrido de esta carrera y tener éxito, y se necesita compromiso y disciplina.
Compromiso significa tener un firme deseo, una gran voluntad e incluso una compulsión absoluta de llegar a ser el mejor. El compromiso no solo es una esperanza o un anhelo, ni siquiera un profundo deseo. Es mucho más que eso. Y así como el compromiso entrena a nuestra mente para ganar, la disciplina entrena a nuestro cuerpo a obedecer, ya que la meta no la vamos a lograr solo con tener un firme deseo. Debemos estar dispuestos a dedicar esas horas de entrenamiento físico, de concentración y dedicación, cualquier persona que desee terminar una maratón deberá de someterse a varias horas de entrenamiento diario, fortalecer los músculos de las piernas, coordinar su respiración y alcanzar un estado mental de concentración para no sentir dolor, un deportista perezoso nunca triunfara, por más talento que tenga.
Despojémonos de todo peso que nos estorba en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante Heb 12.1
Dios es nuestra fortaleza…
Dr. Francisco Palacios Blancarte