Fue muy sorpresiva la llamada que recibimos, anunciándonos la muerte de estas dos amigas y hermanas en la fe.
Definitivamente no es fácil asimilar el paso que todos tenemos que dar, hacia ese camino desconocido que es la muerte, sin embargo algo a lo que si podemos aspirar, y depende solo de cada uno de nosotros, es a vivir sin temor a la muerte.
Esos tiempos de los cuales fuimos advertidos como tiempos difíciles, ya están aquí, y llegaron para quedarse y formar en cada uno de nosotros la conciencia de saber que no somos inmortales, y que por lo mismo tenemos que cuidar nuestra vida, nuestro corazón, nuestra integridad… y sobre todo nuestra salvación.
Que grato fue enterarme por la televisión, en el noticiero lo que una vecina opino acerca de Miriam, la describió como una mujer buena, muy servicial, dispuesta a ayudar a su prójimo, inseparable de su hija…así como a la hija una joven muy tranquila y buena hija.
Solo el temor a Dios forja este carácter, este testimonio en cada uno de nosotros, es la relación que cada uno de nosotros tiene y está dispuesto a comprometerse lo que va a forjar este testimonio. Cuando tu desarrollas el temor a Dios, difícilmente tu vives la vida, con temores y preocupaciones, al menos eso es lo que Dios quiere hacer en ti y por ti.
Por los últimos dos años, Miriam se me acerco y siempre se despidió de mí con un beso, así la voy a recordar, una mujer fiel a Dios, fiel a sus convicciones, y con un deseo siempre de ser útil en la obra. Miriam (hija) se estaba preparando para tocar en el grupo de alabanza… Bueno pues hoy ellas ya están en ligas mayores… ahí donde todos anhelamos un día estar, pero que cuando les preguntas nadie por el momento… se quiere ir.
Hasta la próxima,
Lourdes Elizalde de Trejo.