Honrar a Dios

En la vida de una persona ocurren muchas cosas que lo hacen aprender y reflexionar. A esta altura de mi vida yo no había tenido en reflexión el versículo que dice: “Yo honrare a los que me honran, y humillo a los que me desprecian”- 1 Sam 2:30

Cuando te pones a pensar en la palabra honra, encontramos que describe lo más valioso, lo que se cuida, algo de gran estima, y me pongo a pensar o tu mismo ponte a pensar, en esta última semana o días, has honrado a tu patrón o supervisor, a tu compañero de trabajo a tu vecino, al empleado que te atendió en el mercado o en la estación de gasolina o al personal de limpieza o mantenimiento, ¿los hemos honrado últimamente?

Cuantas veces has visto que como ciudadanos incluso le reclamamos a nuestras autoridades que deben primero demostrar su capacidad para ganar nuestra confianza, o a un maestro o entrenador lo juzgamos antes de que diga una palabra y no le damos ningún voto de honra “hasta que se la ganen”, o incluso tenemos la justificación personal que como es un patrón abusivo y muy poco considerado incluso grosero cómo es posible que deba de honrarlo.

Y lo que nos dice la palabra de Dios es muy claro, “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a los establecido por Dios resiste; y los que se resisten, acarrean condenación para sí mismos”  Rom 13:1-2

Toda autoridad de cualquier nivel es nombrada por Dios y trabajan para El, al honrarlos, honramos a aquel que los nombro; Dios a su vez nos honrara a nosotros. Es el principio de la honra.

En 1 Timoteo 6:1 dice que todos los que están bajo el yugo de la esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor; en un entendimiento practico hoy este versículo diría que “todos los que son empleados bajo contrato, o todos los estudiantes que acuden a la escuela, tengan a sus jefes o maestros dignos de todo honor”, habrá quien piense que estas declaraciones son de un dictador, y permíteme decirte que el reino de Dios es efectivamente un reino en donde existen rangos, orden y autoridad delegada, conocer a Dios es conocer la autoridad.

Sin embargo es aquí en donde viene la gran recompensa, en proporción de tu honra será tu recompensa y esa es una ley espiritual, en la escritura se describen infinidad de pasajes en donde por medio de la honra un centurión romano recibe el favor de Jesús al sanar a su siervo paralitico, o una mujer griega acude a Jesús pidiendo sanidad para su hija y ella a pesar de haber sido “ofendida” por Jesús ya que la llamo perrillo, sin embargo ella nunca dejo de honrarlo persistentemente, ellos recibieron recompensas completas. En el libro de Samuel se describe la historia de Saúl y David, y como Saúl después de hacerle la vida imposible incluso buscar su muerte, David nunca deshonro a Saúl, su rey, y en este caso se manifiesta la declaración que hace Dios ante esta honra aun en la adversidad.

“Halle a David mi siervo; lo ungí con mi santa unción. Mi mano estará siempre con él, mi brazo también lo fortalecerá. No lo sorprenderá el enemigo, ni hijo de iniquidad lo quebrantara, sino que quebrantara delante de él a sus enemigos, y heriré a los que le aborrecen, mi verdad y mi misericordia estarán con él, y en mi nombre será exaltado su poder… Su descendencia será para siempre y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo.  Salmo 89:20-24,35-37

Si honramos a aquel que Dios ha puesto sobre nosotros, estaremos honrando a Dios mismo y entonces se cumple la ley de la honra en donde Dios declara su honra a los que le honran.

Hoy los invito a que oremos fervientemente a Dios, pidiéndole perdón por haber descuidado el honrar a quienes El ha enviado a nuestras vidas, por no haber valorado a las personas que Dios ha puesto a nuestro cargo. Te pido Señor que llenes mi corazón y mi alma de verdadera honra, deseo que el temor del Señor y el amor divino sean derramados en nuestro corazón, te lo pido con todo mi corazón y lo recibo en este momento, en el nombre de Jesús. Amén.

Dios en nuestra fortaleza.

Dr. Francisco Palacios Blancarte



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