¡Juanita estaba feliz! No podía creer lo que estaba viendo. Sus papás Juan y María también reían y se volteaban a ver contentos de que su hijita estuviera tan emocionada, sencillamente los brinquitos y grititos de la niña de 4 años llenaban de alegría la recámara.
El cachorro de pointer sólo brincaba de un lado a otro sobre la cama mordisqueando los monos de peluche de Juanita. De repente María gritó “pipí” y Juan tomó al perrito rapidísimo pero con suavidad bajándolo de la cama, a la vez que el chorrito iba rociando el piso de madera del cuarto.
Ya juanita -dice María- nos lo vamos a llevar a su cajita, mañana juegas con él, por ahora piensa en un nombre para tu nuevo “hermanito”. Juanita apenas pudo conciliar el sueño pensando en el pedacito orejón color blanco con manchas cafés.
-“Manchas” –le dijo emocionada a su mamá, eran las 5 de la mañana.
-Manchas pues, -dijo María con voz modorra.
Manchas era noble y tolerante, Juanita lo agarraba de las orejas, de la cola, lo apretaba a su pecho bailando con él enamorada y Manchas nunca ni siquiera le mostró los dientes. María sólo le decía a su hija: -con cuidado Juanita, con cuidado; como si la niña pudiera medir su fuerza y tuviera consciencia de su capacidad de lastimar, lo inevitable estaba por ocurrir.
Fue repentino, nadie lo previó; se escucharon varios chillidos fuertes, seguidos y prolongados de Manchas que huía cojeando de Juanita mientras ella llorando espantada trataba de atrapar a su cachorro.
-Lo siento mucho -le dijo el veterinario a Juan- el hueso está quebrado en tres partes, tendré que amputar.
María sentó a Juanita frente a ella y agachándose para mirarla a los ojos le dijo que había lastimado irremediablemente a Manchas, que ya le habían advertido que tuviera cuidado con el animalito pues era un cachorro frágil y ella lo había jalado muy fuerte de su patita, de ahora en adelante tenía prohibido jalonear y cargar a Manchas, estaba castigada.
Pobre Manchas, ningún sermón a Juanita le regresaría su movilidad, crecería siendo un perro en tres patas. Aun así Manchas seguía queriendo a Juanita, la esperaba cuando llegaba de la escuela y le movía la cola emocionado. Juanita por su parte, no volvió a lastimarlo, se convirtió en defensora de otros perros y mientras iba creciendo se iba interesando más y más en las causas protectoras de animales, nunca se perdonaría el daño que le había causado a su mejor amigo, a su hermanito menor.
Esta historia nos representa a nosotros.
Tú eres Juanita, Manchas es tu hermano, tu amigo, tu novio o tu esposo. Tus manos torpes de niño son tus palabras, tus ideas, tus dichos, tus rollos, tus complejos y tus actitudes; con ellas lastimas tonta y descuidadamente a los que te rodean.
Por eso Dios nos advierte acerca de nuestras palabras más que de otras cosas; conociendo nuestra naturaleza nos instruye a que mejor aprendamos a callar con más frecuencia. La Biblia en el libro de Proverbios dice que aun el tonto cuando calla, es considerado un sabio.
La madurez cristiana está determinada por nuestra habilidad para decir lo correcto en el momento correcto. Pero esa habilidad está precedida por la de callar. Es el proceso lógico.
Jesús sabía bien cuando hablar y cuando no.
Los que siguen a Jesucristo deberían ser diferentes que la gente “normal”, deberían ser personas que se caracterizan por hablar con cuidado a quienes les rodean, en especial a los que estiman y quieren.
Cuando hablas, tus palabras pueden ser caricias, abrazos gentiles y besos o golpes y arañazos.
Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Miren también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.
Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, !Cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.
¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tienes celos amargos y contención en tu corazón, no te jactes, ni mientas contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.
Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.
La Biblia NVI, Santiago capítulo 3.