La llave maestra del Reino: El amor

Una llave maestra es aquella que abre todas las puertas y todos los cerrojos; así es el amor de Dios.

1 Juan 4:7-11   Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios…

La máxima expresión de su amor es que ha enviado a su Hijo para que vivamos por El.

El amor del Reino es muy diferente al amor humano. El hombre aprende a amar verdaderamente cuando el amor de Dios ha llegado a su vida, mientras tanto solo experimenta un sentimiento o afecto profundo. Es por eso que para el hombre natural el amor ha sido reducido simplemente a una expresión sentimental ordinaria o en sus niveles mas bajos de comprensión a “hacer el amor” en el plano sexual.

El amor de Dios es muy diferente y ese amor es la llave maestra del reino, la fuerza más poderosa de la creación, la que nos ha sido dada a través del Espíritu Santo como dice la escritura en:

Romanos 5:5   y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Este es el verdadero amor, aquel que nos capacita aun para amar a nuestros enemigos, a perdonar lo que es imposible perdonar, a actuar o hacer por otros lo que nunca nos imaginamos.

El apóstol Pablo le llamo “el camino mas excelente”.

1 Corintios 13:1-13   Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

En los tres primeros versos nos muestra la escritura claramente que el amor debe ser el ingrediente fundamental de todo nuestro ser y actuar. Que es lo que le da sentido y propósito a todos nuestros actos y que la ausencia de amor reduce a nada todo lo que hagamos.

Los versos 4 al 7 nos describe la anatomía perfecta del amor de Dios como un todo.

El amor de Dios es dejar de centrarse en nosotros mismos y empezar a reflejar ese amor hacia los demás. Te puedes imaginar este tipo de amor en todas nuestras relaciones interpersonales; en el matrimonio, con nuestros hijos, con nuestros padres, amigos, compañeros de trabajo, en nuestra comunidad cristiana.

Gálatas 5:22-23   Mas el fruto de Espíritu es amor gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, contra tales cosas no hay ley.

Un fruto de cualquier árbol o planta frutal en las condiciones apropiadas (tierra, sol y agua) es algo que se dará naturalmente; un árbol de naranjo producirá naranjas, un manzano producirá manzanas, etc. 

En el caso del creyente es igual, cuando el Espíritu Santo dirige nuestras vidas significa que ha encontrado buena tierra (corazón enseñable) su Palabra  es revelada y germina en nuestro corazón (por el efecto del agua de vida) y el resultado natural será la aparición del fruto del Espíritu.

Por eso es que Jesús nos enseño a reconocer como es el creyente genuino.

Mateo 7:15-20   Guardaos de los falsos profetas,  que vienen a vosotros con vestidos de ovejas,  pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.  ¿Acaso se recogen uvas de los espinos,  o higos de los abrojos? Así,  todo buen árbol da buenos frutos,  pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos,  ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto,  es cortado y echado en el fuego. Así que,  por sus frutos los conoceréis. 

Este es el amor del reino, el que proviene de Dios, el que abre todas las puertas y cerrojos.

Mateo 5:38-48   Oísteis que fue dicho:  Ojo por ojo,  y diente por diente. Pero yo os digo:  No resistáis al que es malo;  antes,  a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha,  vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica,  déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla,  vecon él dos. Al que te pida,  dale;  y al que quiera tomar de ti prestado,  no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho:  Amarás a tu prójimo,  y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo:  Amad a vuestros enemigos,  bendecid a los que os maldicen,  haced bien a los que os aborrecen,  y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos,  que hace salir su sol sobre malos y buenos,  y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman,  ¿qué recompensa tendréis?  ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente,  ¿qué hacéis de más?  ¿No hacen también así los gentiles? Sed,  pues,  vosotros perfectos,  como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. 

El Señor aún en sus últimos momentos de  vida en la cruz amó y perdonó a sus ejecutores y seguramente después algunos de ellos alcanzaron la salvación.



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