No hay una edad para conocer a Dios, pero cuando lo hacemos de adultos siempre anhelamos que hubiera sido antes, tal vez en nuestra juventud o en nuestra niñez, para así haber evitado tantos tropiezos en el camino.
Al leer las palabras de Jesús en la cita de Mateo 19:14 que es una de las más conocidas con respecto a los niños y que dice: “Dejen que los niños vengan a mi…me detuve y observe la frase que continua; en mi opinión parece ser un punto clave en este versículo…y no se los impidan, porque el Reino de los cielos es de quienes son como ellos”, a veces sin ser nuestra intención impedimos que nuestros hijos se acerquen a Él por diferentes causas; en ocasiones es por el ejemplo que les damos, lo que hacemos y decimos no es congruente y es por eso que ellos no nos siguen.
Las áreas dentro de la iglesia que se enfocan en la atención, cuidado y enseñanza de los niños, son espacios en los que ellos pueden iniciar una relación con su creador y realmente comprender lo que esto significa, a veces por cualquier situación a ellos les puede ser difícil adaptarse a este nuevo lugar, pero nosotros como padres debemos ayudarlos y darles la confianza que necesitan para que les sea más fácil y no consecuentarlos en su negativa de entrar a sus salones, ni sufrir con ellos, y mucho menos alejarnos nosotros de la congregación por esta razón.
A veces podríamos cometer el gran error de subestimar a los niños por su edad y creer que por ser pequeños no tienen una vida espiritual, por el contrario este es el mejor momento para que ellos empiecen a ser preparados para formar parte del ejercito de Dios, como lo señala Pablo en Timoteo 3:15 (NVI)…”Desde tu niñez conoces las sagradas escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús”, el aprender acerca de Dios a esta edad impactará la vida de nuestros hijos. Hoy en día existen muchas herramientas para enseñarles la palabra de manera divertida y en formas en las que se les hará más sencillo.
Son diversas las citas bíblicas en las que Dios nos habla acerca de los niños, como en el salmo 127:3 – 4 (NVI) en el que dice…”Los hijos son una herencia del señor, los frutos del vientre son una recompensa. Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud.” Más claro no puede ser para nosotros el hecho de que los pequeños vienen a ser para los padres un regalo que solo puede provenir de nuestro Señor y que Él nos los da como una recompensa; pero también nos ejemplifica como guerreros que tenemos que dar dirección a esas flechas, así que una vez más podemos notar que Dios nos ha dado la tarea de ser las guías espirituales de los niños.
Alguien compartió conmigo un pensamiento aprendido y que va muy bien con este escrito y dice así: “Siembra un pensamiento y cosecharas una acción, siembra un acción y cosecharas un hábito; siembra un hábito y cosecharas un destino”. Empecemos a sembrar los pensamientos de Dios en nuestros hijos y los veremos crecer en los caminos del Señor; sembremos en ellos un ejemplo bueno y congruente como padres y ellos harán lo mismo con sus hijos; sembremos el habito de la constante relación con nuestro Dios y cosecharemos hombres y mujeres con entendimiento y listos para extender el Reino de Dios.
No impidamos que nuestros niños se acerquen a su Padre Celestial, por el contrario motivémoslos y encontremos la manera de que se sientan a gusto, acércate a los maestros y junto con ellos busca la manera en la que tu hijo se sienta feliz en la casa de Dios.
Laura de Trejo
Responsable de cunero y maternal