Cuando abrimos nuestro corazón a Dios, lo aceptamos como el Rey de nuestras vidas y somos obedientes de lo que Él nos pide, viene a cumplirse en nosotros la promesa de que “…las cosas pasaron; todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17), la cual se convierte en una de las primeras pruebas de la misericordia de Dios y misericordia no es más que favor.
Esto nos da pauta a empezar otra vez, Dios con su poder nos ha hecho como un odre nuevo o un recipiente, el cual debe estar listo para recibir lo que nuestro padre tiene para nosotros y dejar atrás todo de lo que nos hemos llenado como: creencias, ideales, pensamientos, experiencias, razonamientos, que nos han llevado a una vida sin paz, sin amor y muy lejos de lo que Él Señor planea para nuestra vida.
En Mateo 9:17 Jesús nos dice: “Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos de hacerlo así, se reventarán los odres, se derramará el vino y los odres se arruinarán…”; Dios nos está pidiendo que nos vaciemos de todos nuestros conocimientos para que él pueda vaciar los suyos a nuestro corazón.
Si pensamos esto detenidamente nos daríamos cuenta del regalo que eso significa, sin embargo a veces no lo aprovechamos y continuamos viviendo nuestras vidas a la manera antigua, basándonos en lo que “la vida nos ha enseñado”, y creyendo que lo sabemos todo o que conocemos mucho, levantando así un muro gigante que nos aparta de recibir la bendición de Dios.
Conocí alguna vez a una persona que admiraba la sabiduría de su padre, siempre me platicaba que por ser un hombre mayor tenía mucha experiencia de la vida e incluso conocía muy bien las escrituras, pero cuando yo le pregunte ¿es cristiano? su respuesta fue: pues se congrega pero hay muchas cosas con las que él no está de acuerdo en la iglesia; de inmediato vino a mi corazón la palabra orgullo, El Espíritu Santo me mostró que esa persona cree saber más que Dios y por eso tiene un actitud de juicio.
Si alguna vez te has preguntado ¿por qué habremos tantas personas dentro de una iglesia en la cual no se ve ningún cambio en su vida? quizás sea porque somos como el papá de mi amiga.
No sólo las personas mayores pueden creer que todo lo saben, había una joven que tenía un problema de salud y fue con varios médicos para que atendieran su problema y todos le decían que su problema era psicológico, que su estrés lo causaba, pero ella insistía en que era un problema médico y se empeñaba en buscar recursos económicos sin importarle el endeudarse, para buscar doctores que pudieran resolver su padecimiento, aunque esta mujer conocía de Dios y palabras como “yo confió en Dios”, “Él ha cambiado mi vida”, salían de su boca, ella realmente solo confiaba en sus pensamientos, jamás creyó que realmente Jesús podría ser su sanador y la respuesta a sus necesidades, reflejando el orgullo en sus argumentos.
Si creemos que todo lo sabemos, Dios no podrá verter de su vino nuevo en nosotros porque continuamos siendo odres viejos y ese vino se derramaría. Es importante saber que a ninguna edad sabemos lo suficiente como para no necesitar de la guía de Dios; en el libro de Job, hay un joven llamado Eliú que aunque sentía que estallaba de tantas cosas que sentía decir, respetó a sus mayores y dijo “que hable la voz de la experiencia”, que demuestren los ancianos su sabiduría”, pero al ver que no fue así él se atrevió a hablar y les dijo: “pero lo que da entendimiento al hombre es el espíritu que en él habita…” Job 32: 1-8. (Parafraseado).
Es importante que como este joven reconozcamos que es el Espíritu de Dios, quien nos da el entendimiento que necesitamos para vivir como a nuestro padre realmente le agrada, así que vacíate de todos tus conocimientos y te invito a que nuestra oración sea: Señor aunque he aprendido de tantas experiencias y vivencias, las hago a un lado padre y enfrento la vida con la sabiduría y entendimiento que me da tu Espíritu Santo.
- Laura de Trejo.